Habrá entonces señales en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra, la gente se angustiará y quedará confundida por causa del bramido del mar y de las olas (Lucas 21: 25).
TODAVÍA RECUERDO LAS NOTICIAS que mostró el tremendo terremoto de 8,9 grados y del desbastador tsunami que sacudió a Japón y que, según se calcula, dejó más de 11 000 muertos. Japón siempre fue una potencia en el área de la tecnología y las comunicaciones, y las mismas contribuciones, después de esa gran tragedia, a plagar internet con millas de fotos y videos de la gran inundación que barrió ciudades enteras.
La prensa mundial hizo eco de seguir paso a paso las consecuencias de esa terrible catástrofe, especialmente en el restablecimiento de las usinas nucleares, que, al ser violentadas por el terremoto, expuso a la población japonesa a las terribles consecuencias de la radiación.
Pero poco a poco, los medios volvieron a sus noticias habituales, y para el resto del mundo, ese gran terremoto y tsunami fue una tragedia más. Elecciones presidenciales, inseguridad y delincuencia; competencias deportivas, inversiones económicas y algunas notas extrañas otra vez ocuparon los titulares de los medios.
¿Cómo puede ser posible que el mundo no se dé cuenta de que estos desastres naturales están anunciando el regreso de Jesucristo que vendrá en una nube con poder y gran gloria? ¿Cómo es posible que el periodismo no se pregunte qué habrá querido decir Lucas cuando expresó que la gente sería confundida «por causa del bramido del mar y de las olas»?
Elena G. White, como si hubiera estado viendo una película de nuestro tiempo expresó: «El Espíritu refrenador de Dios se está retirando ahora mismo del mundo. Los huracanes, las tormentas, las tempestades, los incendios y las inundaciones, los desastres por tierra y mar, se siguen en rápida sucesión. La ciencia procura explicar todo esto. Menudean en derredor nuestras señales que nos dicen que se acerca el Hijo de Dios, pero son atribuidas a cualquier causa menos la verdadera» ( Consejos para la iglesia , p. 625).
Nosotros sabemos cuál es la verdadera causa de todos esos desastres: la cercanía del regreso de Cristo al mundo. ¿Te estás preparando para recibir a Jesús como Rey? ¿Estás compartiendo esa gran noticia con tus semejantes? No dejes que la rutina diaria aparte tu vista del gran momento que está por vivir la humanidad.




