VICTORIA
En cambio, crezcan en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡A él sea toda la gloria ahora y para siempre! Amén. 2 Pedro 3:18.
¿Qué sucede, querida Lehzen? -preguntó un día la princesa Victoria a su maestra cuando tenía doce años de edad.
-Abre tu libro de Historia -le respondió la maestra.
-Nunca antes había visto esta página.
Victoria estudió su árbol genealógico cuidadosamente. Cuando el rey Jorge IV muriera, el tío Guillermo sería el rey. Después del tío Guillermo, le tocaría a Victoria. Abrumada por la idea de ser reina, la princesa rompió en llanto. Entonces, enjugándose las lágrimas, decidió:
-¡Seré muy buena!
Efectivamente, durante los siguientes años, la princesa no tuvo oportunidad de hacer travesuras, ya que alguien la acompañaba a cada instante. En las noches, dormía en compañía de su madre, y ni siquiera se le permitía caminar sola por los pasillos del palacio durante el día.
Poco antes del amanecer, la mañana del 20 de junio de 1837, dos hombres importantes acudieron al palacio de Kensington para ver a Victoria. Inclinándose frente a la princesa de 18 años de edad, le informaron:
-Su tío acaba de morir. Usted es ahora la reina de Inglaterra.
En cuanto salieron de su habitación, le preguntó a su mamá:
-¿Realmente soy yo la reina ahora?
-Sí, hija mía.
-¿Y se me concedería cualquier deseo?
-Por supuesto.
-Entonces, mamá, ¡me gustaría estar sola por una hora!
Por primera vez en sus 18 años de vida, Victoria se dio el “lujo” de estar completamente sola. Esa noche ordenó una recámara para sí sola y su mamá tuvo que mudarse de habitación.
Fue una petición muy normal la que hizo la joven reina. ¿A qué joven no le gusta estar solo de vez en cuando, y hacer lo que bien le parezca y pensar lo que desee pensar? Los años de la juventud fueron hechos para probar las fuerzas de los jóvenes y aprender cómo vivir. Es un paso natural en el proceso de transformarse en adulto.
Es el propósito de Dios que maduremos en la vida espiritual también. Las personas no pueden permanecer como niños espirituales para siempre, dependiendo de papá y mamá para su experiencia espiritual. Debemos probar nuestras fuerzas en la oración y la meditación. El proceso de aprender a conocer a Dios por nuestra propia cuenta es parte de nuestro crecimiento en Cristo Jesús.


