ESTAMOS EN GUERRA
“Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles” (Apocalipsis 12:7).
Si tuvieras que describir a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, ¿qué ilustración usarías: un club o un ejército? ¿Un picnic o un campo de batalla? El capítulo 12 de Apocalipsis ofrece la pista necesaria para una respuesta satisfactoria. Ese pasaje está en el centro del libro y presenta un escenario de guerra. El conflicto ocurre en diferentes momentos de la historia, con los mismos protagonistas y diferentes participantes, que interactúan en el campo de batalla.
La primera batalla (vers. 7-9) ocurrió en el cielo. De un lado luchan Miguel y sus ángeles; del otro, el enemigo y su ejército del mal. La identidad del gran antagonista de Dios fue revelada como dragón, serpiente, diablo, Satanás y engañador. Él y sus ángeles fueron derrotados y lanzados a la Tierra.
La segunda batalla (vers. 13) tiene como palco la Tierra y revela el intento del dragón de destruir a Cristo enseguida después de su nacimiento. Toda la vida del Señor fue marcada por un intenso conflicto contra el mal, por tentaciones diversas, oposición, provocación y, finalmente, la crucifixión. Sin embargo, en cada lucha él fue victorioso.
La tercera batalla (vers. 14) se traba contra la iglesia cristiana. En ese tiempo, la “mujer”, símbolo profético de los fieles, es sustentada y protegida directamente por Dios, por 1.260 años, el mayor período de opresión que el cristianismo sufrió.
La cuarta batalla (vers. 17) se da contra el remanente de Dios. El dragón está enojado e intenta derrotarlo usando armas como la seducción, la imposición y la persecución.
Ese escenario permanente de guerra nos recuerda que:
El enemigo no desiste. En su desesperación por ocupar el lugar de Dios, Satanás cambia sus estrategias y aumenta la presión, pero no abandona el campo de batalla. Necesitamos estar preparados para enfrentarlo, revestidos con toda la “armadura de Dios” (Efe. 6:11, 13).
El Cordero es el vencedor. La guerra entre un cordero y un dragón parece injusta, pero estamos hablando del Cordero de Dios, y nadie puede vencerlo, ni derrotar a sus seguidores. Por eso, la victoria está anunciada: “Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles” (Apoc. 17:14).
En el Gran Conflicto, Jesús es el vencedor. Mantente al lado de él, y tú también formarás parte de esa gran victoria.


