Lunes 25 de Mayo – SPIRINDÓN LOUES – Devocional para Jóvenes

SPIRINDÓN LOUES

¿No se dan cuenta de que en una carrera todos corren, pero solo una persona se lleva el premio? ¡Así que corran para ganar! 1 Corintios 9:24.

En 1896, casi 2.400 años después de la legendaria carrera efectuada por Filípides de Maratón a Atenas, se celebraron los primeros Juegos Olímpicos modernos en Grecia. El último evento programado era un maratón, en el que habría que recorrer la misma ruta de Filípides. Ciento cincuenta mil observadores esperaban a los corredores a lo largo del camino, mientras otros setenta mil aguardaban en el estadio.

Ninguno de los atletas griegos había obtenido una medalla de oro hasta ese momento, y el público aguardaba ansiosamente al victorioso. Tenían sus esperanzas puestas en un joven de 25 años de edad. Era un pastorcillo de ovejas que entrenaba en las colinas donde apacentaba sus rebaños.

Al oír el disparo, a las 2 de la tarde, 25 corredores iniciaron el difícil recorrido de casi 42 km. Un francés tomó la delantera, seguido de un australiano, un estadounidense y un húngaro. Spiridón Loues iba en quinto lugar. -¡Más rápido! -le gritaban los espectadores-, ¡Estás muy atrás!

-No se preocupen -les respondía Loues-, los alcanzaré y les ganaré a todos.

El tramo decisivo se encontraba a unos 9,5 kilómetros de Atenas, donde el camino era empinado. El estadounidense ya se había dado por vencido. El francés iba cada vez más lento, hasta que empezó a caminar y luego se retiró de la carrera. El australiano se sintió un poco mal, tropezó y cayó. Spiridón Loues, el segundo que quedaba, siguió ágilmente su camino, subió la colina y le sacó una ventaja de más de 1,5 km al húngaro. Los espectadores lo vitoreaban a medida que se acercaba a la meta. Spiridón Loues, el griego, ganó la medalla de oro.

Como Spiridón Loues, tú y yo participamos en una carrera, en una especie de maratón entre el planeta Tierra y la Nueva Jerusalén. También debemos recorrer un camino escabroso y ascendente que nos lleva hacia la Ciudad Santa. En muchas ocasiones nos sentiremos tentados a ir más despacio o detenernos por completo. Pero debemos seguir avanzando hasta llegar a la meta. La medalla de oro de la vida eterna bien vale la pena. En esta carrera, todos los que lleguen a la meta recibirán la corona de la victoria. ¿Estarás entre los vencedores?

Radio Adventista

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