Jueves 24 de Octubre – EN EL TIEMPO DIVINO – Devocion Matutina para Damas

ANA STAHL

EN EL TIEMPO DIVINO

Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron. Lucas 5:11.

Cuando escuchamos relatos conmovedores del servicio de misioneros en tierras lejanas, ¿quién no ha querido reflejarse en estas personas? Después de todo, los relatos son muy interesantes, tienen suspenso, dramatismo.

El Señor me ha bendecido con dos hermosas sobrinas. La menor, Lucía, ha expresado su interés por estudiar Enfermería para trabajar como misionera y llevar sanidad física y espiritual a un mundo que perece. Me parece una tarea muy loable, y oro para que pueda hacer su sueño realidad si el Altísimo así lo dispone.

Tal fue el caso de Ana Cristina Carlson, una niña sueca que a los dieciséis años emigró con sus padres a los Estados Unidos. Desde pequeña Ana abrigó el deseo de prepararse para ser maestra y trabajar en lugares remotos en beneficio de los menos afortunados.

Años después, mientras trabajaba en un restaurante, conoció a quien llegó a ser su amado esposo, Fernando Stahl. Con el tiempo se casaron y, gracias al trabajo, la disciplina y la buena administración, fueron prosperando al punto de conseguir una casa, una granja y un floreciente negocio. Todo parecía ir de maravilla, hasta que fueron llamados para servir como misioneros, y el sueño de Ana, que dormía en algún lugar de su mente, comenzó a cobrar fuerza. ¡Maestra misionera! Por fin se haría realidad. Pero, ¿y ahora? Ya tenía su hogar formado, dos hijos, un esposo amoroso, estabilidad económica. ¿Y ahora?

¿Qué hubieras hecho tú en el lugar de Ana? ¿Dejarías tu familia, tu casa, tu iglesia y tus amigos, y saldrías de tu zona de comodidad para ir a vivir entre los necesitados? Si Dios te hubiera llamado antes, cuando era más joven, o cuando no tenías hijos, o…

Pero el llamamiento llega no cuando tú quieres, sino cuando Dios te necesita. Así sucedió con Ana. El llamamiento llegó y ella, al igual que el resto de su familia, lo aceptó. Pagaron ellos mismos el pasaje y partieron hacia el Perú. Dejaron todo atrás; todo, para seguir la voz que los llamaba a servir en lejanas tierras.

El Señor permitió que Ana cumpliera su sueño, y durante muchos años enseñó y ayudó a miles de pobladores del altiplano peruano-boliviano.

El Señor necesita más Anas dispuestas a seguirle sin condiciones. Con tierno amor te invita a ser su misionera allí donde estás. ¿Qué le responderás? –AR 

Radio Adventista

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