Domingo 4 de Diciembre – Te cuesta pedir perdón? – Matinal Jóvenes

Si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y ve y reconciliate primero con tu hermano, y después de eso vuelve y presenta tu ofrenda (Mateo 5: 23-24).

A LO LARGO DE MI MINISTERIO he visto diferentes clases de conflictos entre los miembros de la iglesia. Algunos de esos conflictos pasaron casi desapercibidos, mientras que otros eran populares y convulsionaban a toda la feligresía.

Más allá de la clase de conflicto que hubiera existido, como pastor tratado de que hubiera una reconciliación entre las partes enemistadas. No siempre era fácil, ya que el orgullo o los sentimientos heridos parecían ir en contra de cualquier tipo de arreglo. Pero gracias a Dios, algunos de esos conflictos se resolvieron rápidamente porque las partes enemistadas tenían humildad.

Entre los grandes «pedidos de perdón» que registra la historia, está el que formalmente realizó el papa Juan Pablo II por siglos de atropellos y abusos cometidos en nombre de Cristo hacia miles de personas que no aceptaron el liderazgo de la Santa Sede. El corresponsal del Vaticano Luigi Accattoli describió esa confesión de «los pecados de la historia» así: «En más de quince años de su pontificado, el papa Juan Pablo II había reconocido al menos cuarenta ejemplos de pecados y errores. Había hablado, directa o indirectamente, de la responsabilidad por el trato dado a Galileo, a judíos y musulmanes […] a Lutero, a los indígenas; las injusticias de la Inquisición, la mafia, el racismo; el integrismo religioso, el sisma y el papado, las guerras y la injusticia, y el trato hacia los negros. Tras emitir el memorando, habría pronunciamientos papales sobre las cruzadas, las dictaduras, las mujeres, las guerras religiosas y Ruanda» (Cuando un papa pide perdón: Los mea culpa de Juan Pablo II, p. 56).

Esa confesión no exonerará ante Dios a los responsables a lo largo de la historia, ya que «el que peque merece la muerte. Ningún hijo pagará por el pecado de su padre, ni tampoco ningún padre pagará por el pecado de su hijo» (Eze. 18:20). Aun así, es notable que un hombre haya tenido la capacidad de admitir miles de errores y agravios que el catolicismo realizó por siglos mientras lideró la cristiandad en general.

En tu caso, ¿te cuesta pedir perdón? ¿Esperas que la otra parte tome la iniciativa, o te atreves a dar el puntapié inicial para una reconciliación? Si sientes que el orgullo es más fuerte, acude a Jesús, el máximo ejemplo de humildad, para que su Santo Espíritu guíe tu vida.

Radio Adventista

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