Domingo 25 de Octubre – SEPULTAR A LOS MUERTOS – Devocion Matutina para Adultos

«¡Dichosos aquellos a quienes Dios ha perdonado sus culpas, y aquellos cuyos pecados ha sepultado en lo profundo!» (Romanos 4:7, BLP).

En la mitología griega, Polinices, Eteocles, Ismene y Antígona fueron hijos del matrimonio incestuoso entre Edipo, rey de Tebas, y Yocasta, su madre. Cuando Edipo murió, se cuenta que Polinices y Eteocles tuvieron un enfrentamiento por la posesión del trono, que culminó con la muerte de ambos. Entonces su tío, Creonte, hermano de Yocasta, se proclamó rey, declarando que se sepultase con honores a Ereocles y se dejase el cadáver de Polinices para ser comido por las aves rapaces por haber traicionado al reino peleando contra su patria. Sin embargo, Antígona desobedeció a Creonte y le dio digna sepultura. En la obra teatral Antígona furiosa, de Griselda Gambaro, la protagonista declara: «No. Aún quiero enterrar a Polinices. “Siempre” querré enterrar a Polinices. Aunque nazca mil veces y él muera mil veces».

Del mismo modo que Antígona tuvo misericordia de su hermano y sepultó su cadáver, las Escrituras enfatizan que Dios tiene misericordia de nosotros y sepulta nuestra vida pasada. Particularmente, sepulta nuestros pecados en lo profundo del mar (Miqueas 7:19). «¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?, porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucito de los muertos (…), así también nosotros andemos en vida nueva» (Romanos 6:3-4). El bautismo por inmersión representa la muerte de la vida antigua, caracterizada por malos deseos, enojo, malicia, blasfemia, pasiones desordenadas, avaricia, mentiras y/o fornicación (Colosenses 3:5-9). Significa, a su vez, el nacimiento a una nueva vida, caracterizada por bondad, humildad, misericordia, paciencia, mansedumbre y amor (vers. 12-14).

No obstante, hay muchos cuya memoria se ve hostigada por los recuerdos de sus pecados y sufren cargando con un muerto que Cristo ya sepultó. Son conscientes de que él puede perdonarlos, pero como si fuesen más justos que Dios, no son capaces de perdonarse a sí mismos. En una inspiradora expresión, Elena G. White escribió: «El lenguaje del alma debiera ser de gozo y gratitud. Si algunos tienen capítulos oscuros en su vida, sepúltenlos. No se mantenga viva esa historia mediante la repetición. Cultivad tan sólo aquellos pensamientos y sentimientos que produzcan gratitud y alabanza» (En los lugares celestiales, pág. 38).

¿Hay pecados pasados que asaltan tu mente y te perturban? Habiéndolos confesado, y habiéndote bautizado, ya les has dado digna sepultura. Si regresan mil veces, ¡vuelve a sepultarlos otras mil! Mira cuánto te ama Dios que él sepulta y olvida tus errores para que tú seas feliz (Hebreos 10:17).

Radio Adventista

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