Domingo 22 de Diciembre – LA BRISA SUAVE DE LA COMODIDAD – Adultos

LA BRISA SUAVE DE LA COMODIDAD

“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!” (Apocalipsis 3:15).

 El viento de doctrina más peligroso que sopla sobre la iglesia es la “brisa suave de la comodidad”. Acuna calmadamente, hace que las personas se sientan confortables y las lleva a dormir.

Esa “brisa suave” aparece claramente en la descripción de Laodicea, la séptima iglesia de Apocalipsis. Esa iglesia se describe como que intenta equilibrarse entre el calor de la Palabra y el frío del secularis­mo. Intenta armonizar las orientaciones de Dios con los deseos del corazón humano no regenerado. Se siente rica y satisfecha, pero no consigue darse cuenta de que esa aparente situación la coloca en una posición demasiado triste.

La “suave brisa de la comodidad” nos hace querer entrar en la iglesia para adorar sin tener el deseo de salir para salvar. Nos vuelve más exigentes con la predicación, la alabanza, la arquitectura del templo, el confort de los bancos, la acústica del sonido, la forma del pastor, la fama del cantante; pero nos deja insensibles para con las necesidades del pecador.

Vemos al mundo ir de mal en peor, reconocemos las señales de la segunda venida de Jesús, cantamos himnos que hablan de nuestra esperanza, escuchamos sobre el poder del Espíritu Santo, lloramos en los llamados, nos emocionamos con los bautismos… pero continuamos con la antigua vida.

Somos capaces de dar buenas ofrendas, participar de proyectos desafian­tes, enviar misioneros, plantar nuevas iglesias, distribuir millones de libros, predicar en radio, en televisión e Internet, pero no permitimos que el Espíritu Santo nos despierte y nos reavive.

Nuestro problema no está en la visión, sino en la reacción; no en el entusiasmo, sino en la falta de poder. No es el conocimiento, sino la falta de transformación. No es la falta de iniciativas, sino la falta de entrega.

La descripción de Laodicea parece pesimista, pero su mensaje es animador. “Escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: Esto dice el Amén” (Apoc. 3:14, NVI). Podemos confiar en que, a pesar de nuestras limitaciones, el Señor no desiste de sus hijos. Después de Laodicea no habrá otra iglesia, porque Dios dice “Amén”, y es Amén. No hay un remanente que salga del remanente; no hay una octava iglesia, ni una novena ni una décima.

Laodicea está en manos del “testigo fiel y verdadero” (Apoc. 3:14), que es Jesús. No te olvides de que él tiene poder para detener la “brisa suave de la comodidad” con el fuego transformador del Espíritu Santo. Permite que el Señor haga esa obra en tu vida hoy.

Radio Adventista

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