Domingo 18 de Diciembre – El remanente de Jesús – Matinal Jóvenes

Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer y se fue a luchar contra el resto de sus descendientes, es decir, contra los que obedecen los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo (Apocalipsis 12: 17).

EL CAPÍTULO 12 DE APOCALIPSIS narra con absoluta claridad el gran conflicto entre el bien y el mal. De manera nítida se revelan los planes del dragón y la pericia divina para rescatar al hombre del pecado. En este conflicto no hay treguas, no hay acuerdos, no existe una diplomacia de conformidad. Dios y su reino están en un lado, la serpiente antigua y su plan maestro de engaño por otro.

A lo largo de la historia humana, el enemigo buscó llevar al hombre al pecado y, una vez bajo su poder, ejecutar sus malévolos planes contra el gobierno divino. A su vez, el Creador del mundo, le planteó a la raza caída un modo de vida elevado y diferente, usando como portavoces a sus fieles seguidores. En algunos momentos de la historia esos portavoces fueron solos y llegaron a ser considerados como un «residuo», «resto» o «remanente» comparado con la población mundial, pero a pesar de la escasez numérica, ese remanente guiado por el Espíritu de Cristo Habló como lo hubiera hecho el Eterno.

Entre esos grandes hombres que amonestaron al mundo estuvieron Abel, Enoc, Noé, Elías, Jeremías, Juan el Bautista y todo aquel que se animó a estar del lado de la verdad y la justicia.

Jesús es el máximo exponente del remanente. No usó el poder que poseía para derrotar al enemigo, sino que por mandato del Padre se entregó «hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil. 2:8). Por esta razón, al ascender al cielo luego de haber vencido a Satanás, todo el universo celestial exclamó: «Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo» (Apoc. 12: 10, RV1960).

Entonces el dragón «se llenó de ira» y «se fue a luchar» contra la iglesia de Cristo, «contra el resto de sus descendientes». No porque tenga alguna oportunidad de ganar o para escapar del castigo que le aguarda, sino porque es un mal perdedor; porque quiere arrastrar a la destrucción al precioso fruto por el cual Jesús murió.

Hoy nosotros formamos parte del remanente de Jesús y en momentos hasta podemos sentirnos solos como Noé o Elías. Pero no te desanimes, nunca estaremos solos. El Espíritu Santo está y estará a nuestro lado como lo estuvo junto a los héroes de la fe, hasta que alcancemos la inmortalidad.

Radio Adventista

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