Domingo 17 Sept. – EL VALLE DE LÁGRIMAS, LO CAMBIAN EN FUENTE – Adultos

Atravesando el valle de lágrimas, lo cambian en fuente cuando la lluvia llena los estanques. Irán de poder en poder; verán a Dios en Sión (Salmo 84:6, 7).

Refiriéndose al Salmo 84, Charles H. Spurgeon declaró: “Si el Salmo 23 es el más popular, el 103 el más gozoso, el 119 el más profundamente vivido, y el 53 el más doloroso, este es el más dulce de los Salmos de Uno de los pasajes que más profundamente me cala de dicho salmo es este: “Atravesando el valle de lágrimas, lo cambian en fuente cuando la lluvia llena los estanques. Irán, de poder en poder; verán a Dios en Sión” (versículos 6, 7). Este es el salmo de un peregrino, de un creyente que peregrino, de un creyente que sale de su ciudad para ir a Jerusalén a adorar a Dios. Sin embargo, en lugar de describir el panorama físico exterior de su travesía, el salmista nos describe su viaje desde la perspectiva espiritual interior.

Describe su corazón, su carne, su alma. Está lejos de Jerusalén, pero siente la cercanía divina. Camina con un anhelo expectante, se siente como la golondrina que está en su nido, es un niño pequeño que corre a los brazos de su amado padre. ¿Y qué pasa cuando el creyente da inicio a ese viaje de regreso a su padre celestial? Dice el salmista que le toca atravesar “el valle de lágrimas”. La Reina-Valera Antigua transliteró el texto hebreo y puso “valle de Baca”. El problema es que en las inmediaciones de Jerusalén no hay ningún valle que se llame Baca. En nuestro pasaje la palabra hebrea “Baca” es una metáfora para hablar de un “valle de sequía” o “valle de muerte”, como dice el Salmo 23:4. Lo que nuestro salmo parece estar diciendo es que “cuando los que son impulsados por su anhelo de Dios entran en regiones de muerte, transforman estos desiertos en oasis paradisíacos en los que el agua de la vida fluye”.*

Transformamos el valle de Baca, es decir, el valle de lágrimas y muerte, en un manantial de vida. Aunque en nuestra travesía hacia Dios nos toque pasar por senderos de desolación, nuestro buen Señor nos ha prometido que esos mismos senderos serán caminos de vida y salvación. Tus lágrimas serán convertidas en un oasis; tu enfermedad dará paso a una vida plena y de salud; tu valle de muerte llegará a ser un valle de resurrección; tu debilidad dará paso al poder. Y lo mejor de todo: al final, verás “a Dios en Sión”.

* Frank-Lothar Hossfeld y Erich Zenger, Psalms 2: A Commentary on Psalms 51-100, ed. Klaus Baltzer, trad. Linda M. Maloney, Hermeneia-a Critical and Historical Commentary on the Bible (Minneapolis, Minnesota: Fortress Press, 2005), p. 355.

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