Domingo 17 de Julio – El constante amor de Dios – Matinal Jóvenes

Desgárrense el corazón, no los vestidos, y vuélvanse al Señor su Dios, porque él es misericordioso y clemente, lento para la ira y grande en misericordia, y le pesa castigar (Joel 2: 13).

A LO LARGO DE MI TAREA PASTORAL he visto el sufrimiento de manera palpable en los hogares de mis hermanos. En muchos casos lo único que pudo hacer es escuchar y orar, pidiendo el favor de Dios para que intervenga, ya que no hay medios humanos para resolver la situación planteada.

¿A qué me refiere? He visto hogares desechos por la infidelidad matrimonial. Hombres y mujeres que, dejando a cónyuges e hijos, fueron tras los placeres de un amante, ignorando el dolor y la angustia que quedarán tras ellos.

En otros casos he visto dolor por pérdidas familiares. Creo que las más lamentables son las reacciones repentinas, ya que cuando una persona fallece luego de una larga enfermedad, de alguna manera sus familiares estaban preparados para esa despedida. Pero cuando la pérdida ocurre por un accidente o por un paro cardíaco, sorprende a todos y es terrible el vacío que experimentan los deudos.

Están también aquellos que experimentan la soledad. Hombres y mujeres que tuvieron una familia llena de charlas y alegrías, la vida los situó en una posición en la que se encuentran solos, y esa soledad es interrumpida, de tanto en tanto, por visitas de aquellos que aman. La viudez, para algunos, es peor que la muerte, porque ven que los años pasan sin sabor ni felicidad.

En tu caso, ¿cómo te sientes? ¿Estás viviendo alguna situación que te entristece o tira tu ánimo por el suelo? Como les digo a mis hermanos cuando visito sus hogares, también te lo digo a ti: acude a Jesús. Él conoce tu situación y sabe lo que estás viviendo. Sabe cómo ayudarte para que las lágrimas se detengan y la sonrisa brille en tu rostro. Así como afirmó lo Joel, nuestro Dios «es misericordioso y clemente».

La mensajera del pueblo adventista nos alienta al decirnos: «He visto el tierno amor de Dios por su pueblo, y es muy grande. Vi ángeles que extendían sus alas sobre los santos. Cada santo tenía su ángel custodio. Si los santos lloraban desalentados o estaban en peligro, los ángeles que sin cesar los asistían, volaban con presteza a llevar la noticia, y los ángeles de la ciudad cesaban de cantar. Entonces Jesús comisionaba a otro ángel para que bajase a fomentarlos, vigilarlos y procurar que no se apartaran del sendero estrecho» (Elena G. White, Primeros escritos , p. 39).

Comienza este día grabando que hay un Dios de amor que cuida de ti.

Radio Adventista

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