“¿Por qué estás tan enojado? – preguntó el Señor a Caín- ¿Por qué te ves tan decaído?” (Gén. 4:6, NVI).
Una de las mejores preguntas para reflexionar acerca de la ira viene directamente de los labios de Dios. Jonás había predicado en Nínive, la capital asiria. Cuando la ciudad entera se arrepintió, el profeta se enfureció. La misericordia y la compasión de Dios para con los asirios -despiadados enemigos de Israel, fue más de lo que Jonás podía soportar. Rabioso, el profeta dijo que prefería morir antes de que sus palabras proféticas no se cumplieran. Entonces, Dios le dijo: “¿Te parece bien enojarte por esto?” (Jon. 4:4, NTV). ¡Esta es una pregunta brillante!
Los actos de injusticia nos llenan de ira, ¡y esto es bueno! La ira nos llama a la acción. Nos motiva a luchar por los oprimidos ya defender a los huérfanos ya las viudas (Isaías 1:17). Sin embargo, también aquello que percibamos como una injusticia nos hará enojar. Como nuestra perspectiva es tan limitada, reflexionar es absolutamente imprescindible. Ante la ira, preguntémosle a Dios: “¿Está bien que me enoje por esto?” Pidamos a amigos maduros que nos aconsejen: “¿Es mi orgullo herido lo que causa mi enojo, aunque sea en parte? ¿Podría señalarme puntos de vista que no he considerado?”
Caín se enojó mucho cuando Dios no pidió su ofrenda de cultivos. ¿Qué hizo Dios al respecto? Invitarlo a reflexionar acerca de su ira: “¿Por qué estás tan enojado?” (Génesis 4:6, NTV). Caín y Jonás creían que eran víctimas de una gran injusticia, pero esto no era cierto. Al invitarlos a mirar debajo de la superficie del iceberg de su ira, Dios les dio una herramienta eficaz para resolver su enojo. ¡Imagina cuán diferente hubiera sido la historia si Caín hubiera aceptado el desafío! Si se hubiera humillado, Dios lo hubiera ayudado a vencer su envidia y su orgullo. De igual manera, Dios quiere ayudarnos hoy.
Padre, ayúdame a reflexionar con la humedad acerca de mis enojos. Muchas veces, lo que percibo como una injusticia en realidad no lo es. Mi perspectiva es limitada y mi orgullo me enceguece. ¡Necesito tanto de tu ayuda! Lléname de tu Espíritu, enséñame a manejar y resolver mi ira de tal manera que me vuelva más parecido a Jesús. Amén.




