Domingo 12 de Enero – Sin magia – Matinal Jóvenes

«Y conoceréis la verdad y la verdad os haréis libres.» Juan 8:32

Visitar Machu Picchu, en Perú, es una experiencia impactante. La subida, entre serpenteantes carreteras y verdísima frondosidad, es el anticipo de la experiencia posterior. Las construcciones no solo hablan de gente de gran destreza y conocimiento, sino con fuerte interés religioso. Hasta hoy, personas con inclinaciones espirituales meditan junto a altares de sacrificios o salas de oferentes. En todo el lugar se respira un aire de excepcionalidad que muchos, especialmente los seguidores de manifestaciones New Age, interpretan como un magnetismo especial. Todo parece mágico.

Descender a Aguascalientes es volver a la normalidad. Los hoteles, restaurantes, turistas y souvenirs se agopan. Al final de la calle principal se encuentra una figura de un Cristo, oscuro y de aire medieval, al que le ofrecen los mismos símbolos que a la Pacha mama. Es esa mezcla de cristianismo y creencias precolombinas que impregnan la religión de esta zona. Los lugareños miran a la imagen con devoción infantil y, una vez más, todo parece mágico.

La experiencia espiritual mas simple es la magia. No necesita normalidad, vive en la excepción. Lo maravilloso ocupa el lugar de lo común, el milagro resuelve los problemas. En la religión mágica, ciertas palabras o actos complacen a Dios y él, en un acto de generosidad, accede a resolver las peticiones. Una hoja de coca o un poco de alcohol se complace al Cristo de la calle y él se digna a alterar la dureza del día a día. No se entienden las razones, se aceptan con sumisión y con el deseo intenso de que se produzca lo extraordinario. La magia es caprichosa y esclaviza a las personas impidiendo su desarrollo espiritual.

Jesús se opone a la magia, crea relaciones de diálogo, de comprensión. Seguirle es empezar a entender el mundo, porque él es la Verdad. Su propuesta de relación (recuerda que ese es el significado de religión) se sitúa en la normalidad, en el día a día. Lo normal es la charla con el Dios amante, con el Dios que realiza el milagro de lo común: el amor en la casa, el compromiso en el trabajo, la misión en la calle, la libertad en el pensamiento.

A veces, sin darnos cuenta, volvemos a la magia y esperamos una religión de excepciones. Si es así, recuerda que Dios abrió el mar Rojo un día, pero envió el maná tantos años que se convirtió en menú. Jesús resucitó a Lázaro, pero cada día, dio luz a los que vivían en la oscuridad. Deja, por tanto, lo excepcional para su ocasión y disfruta de la libertad de vivir con Dios cada momento.

Radio Adventista

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