Damas – Martes 21 de Marzo del 2017 – SU DELICADA Y APACIBLE VOZ – PARTE 1

SU DELICADA Y APACIBLE VOZ – PARTE 1

“Estad quietos y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra” (Sal. 46:10).

Mi día empezó en oración y estudio de la Biblia con Jesús, mi mejor Amigo. Al poco tiempo, el resto de la familia comenzó a corretear, alistándose para ir a la iglesia. Alabo su nombre ya que, después de terminar mi tiempo devocional, continué escuchando la voz de su Espíritu. Y Dios pudo usarme ese día de una manera sencilla pero poderosa, para tocar una vida.

Luego del programa de Escuela Sabática, reuní a mi familia y buscamos asientos para el culto divino. El culto transcurrió como de costumbre, pero mientras estábamos de pie para la adoración, miré por encima del hombro y vi que una visita se sentó en la banca de atrás. Era una mujer muy linda, bien vestida, con una bufanda que se veía muy cara y que cubría con mucho estilo su cuello. Su peinado, muy bien hecho, proporcionaba el toque final a su porte elegante. La forma en que se comportaba denotaba confianza en sí misma. Sus elegantes y señoriales gestos dejaban entrever a una persona en perfecto control de su vida. /Esta mujer sí que tiene estilo/, pensé. Aunque bien sé que las apariencias engañan…

Luego de cantar el himno de apertura, oí una fuerte voz en mi mente que dijo: “Voltéate y saluda a la mujer”. Lo haré, pensé, pero en un momento más conveniente. En la quietud de mi corazón, oí de nuevo: “Voltéate y saluda a esa mujer”. Temerosa de hacer el ridículo, continué resistiendo aquella fuerte impresión. Una vez más, oí la voz que me hablaba más fuertemente: “Voltéate ahora, ¡no esperes!” Entonces entendí que era el Espíritu Santo quien me hablaba. Asombrada, respondí en mi mente: “Está bien, Señor, escucharé tu voz”.

Es fácil para nosotras buscar la comunión y la amistad con Dios a solas en el silencio de la mañana. Sin embargo, pasamos de esa quietud al trajín del día, e incluso a la iglesia, y olvidamos que él desea que sigamos escuchando su voz y experimentando su compañía durante el resto del día.

Vonda Beerman

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